miércoles, 31 de agosto de 2011

BODAS EN PHOTO SHOP


Acaba el mes de agosto y comenzamos un mes de septiembre que en nuestra ciudad, como en tantas otras, se prodigarán las celebraciones de bodas, aunque cada vez son más las parejas que optan por la celebración civil, aún sigue prevaleciendo la ceremonia religiosa. El recordado sacerdote Fernando Rueda hacía dos distinciones de bodas religiosas: los que se casan por la Iglesia y los que se casan en la iglesia, que son dos cosas completamente distintas.

Las bodas por la Iglesia son aquellas que se acogen a todo lo que la Iglesia Católica dicta para que su celebración adquiera su dimensión e importancia como sacramento, las bodas por la Iglesia normalmente se diferencian bastante de las otras porque la auténtica celebración es la del templo y no la del restaurante, se nota en la preparación de la ceremonia religiosa, en el número de comulgantes, en la participación de los fieles en los ritos litúrgicos, en el respeto y el silencio que se mantiene durante la ceremonia, en la discreción y corrección en el vestir de los asistentes, en los detalles llenos de significados como las velaciones, la subida al camarín de la Virgen, la ofrenda del ramo de flores a una imagen devota o a un familiar difunto, los cánticos, etc, en definitiva toda una liturgia que da verdadero sentido a que el enlace tenga como marco un templo católico.

Y luego están las bodas en la iglesia, estas bodas se celebran en un templo; en la mayoría de los casos y según argumentan los propios novios, en primer lugar porque es más bonito como escenario de la celebración y para los reportajes de fotos y de videos, en segundo lugar por tradición y para no ser menos que sus amigos y familiares y en tercer lugar para no disgustar a los padres o abuelos. Las bodas en la iglesia cuentan con celebraciones religiosas lo más cortas posible con el fin de llegar pronto al convite que es lo importante, y dentro del convite a la barra libre, los novios eligen la fórmula en la que tengan que participar poco; si es con misa, que suelen ser las menos, el número de comulgantes casi se limita a los novios y los padrinos, los invitados que ocupan los bancos, en su mayoría, como sólo van a misa en las bodas y en las comuniones ni se acuerdan lo que hay que decir y se entretienen contándole al familiar que le acompaña las peripecias que han tenido que pasar para tener a toda la familia lista y llegar a tiempo, como consecuencia el murmullo es constante y las puertas llenas de los que no tienen paciencia ni para aguantar la ceremonia, algunos modelitos dignos de las pasarelas de lo que no se debe hacer y los detalles de todo tipo pero sin sentido alguno y, por supuesto, nada que dé importancia al acontecimiento religioso ( floripondios en coches, en solapas, en moños, gritos a la salida de los novios, claxon sonando sin ton ni son, etc). Y todo esto dejando atrás, noches sin dormir problemas sin solucionar hasta última hora, desavenencias en las invitaciones, y sobre todo un dineral en gastos para cosas efímeras y que para muchos de los participantes pasan desapercibidas.

Por ello no sería mala idea que las bodas que se celebren en la iglesia porque el marco es más bonito, se adaptaran a las nuevas tecnologías y se pusiera de moda las bodas en photo shop que ofrecerían muchas más posibilidades y, por supuesto, saldrían mucho más rentables económicamente.

Las bodas en photo shop permitirían a los novios casarse donde quisieran sin que les costara nada ni el estipendio, ni el adorno floral ni otros gastos relativos al templo, pues una vez casados con un simple retoque informático, podrían tener unas fotos magníficas que enseñar a los amigos. El templo se podría elegir, una foto de una capilla o de San Pedro del Vaticano, pinchar y colocar a los novios en el centro; el sacerdote, el que más guste; las flores, cuantas queramos; trasladar y hasta quitar del grupo al pariente pesado que siempre se pone para salir en la foto. Alguien puede pensar que todo esto sería una falsa ¿Y no es más falsa casarse en la iglesia, y acogerse a sus normas, porque, en definitiva, las fotos son más bonitas?
(Artículo publicado en Información Jerez el 25 de agosto de 2006)

Ceremonia nupcial en el espléndido marco del jerezano templo de San Dionisio. La instantánea corresponde a los años anteriores a la reforma que despojó al edificio del revestimiento barroco en pilares y bóveda.





lunes, 29 de agosto de 2011

EL MUSEO DE LOS "PASOS"


Estamos a escasos días que finalice el mes de agosto y se inicie un mes de septiembre que, en nuestra ciudad, tendrá como cierre la celebración del Encuentro nacional de Cofradías de Penitencia, un encuentro que acogerá Jerez y que servirá, aparte de los aspectos puramente religiosos, para dar a conocer, a cuantos nos visiten, los valores y riquezas de esta tierra.
           Dentro de los actos programados se encuentra la celebración de una  importante exposición que bajo el título Nuestros Cortejos vendrá a mostrar los maravillosos tesoros que, año tras año, ponen en la calle las hermandades cada Semana Santa.

Las hermandades son propietarias de una de las mayores colecciones de arte, yo diría, del mundo, por ello cualquier muestra de este tipo es una oportunidad única para poder admirar con detenimiento el magnífico patrimonio que los cofrades han ido atesorando durante siglos y que, en muchos casos, durante las Estaciones Penitenciales de Semana Santa pasan desapercibidos.
            Es una pena que tengamos que esperar a un evento de este tipo para recrearnos en tan bellas piezas. Queda, durante el año, el recurso de visitar alguna Casa de Hermandad, para contemplar en sus vitrinas sus enseres más preciados. Por ello es muy interesante aquella idea que desde tiempo viene rondando la mente de cofrades y munícipes, de crear un Museo de las Cofradías, algo que según parece, por distintas causas, no termina de arrancar, pero que vendría a paliar ese desconocimiento general que existe sobre lo que encierra la riqueza patrimonial de las cofradías y con ellas la ciudad de Jerez.

Al tratarse de un patrimonio privado es un tema bastante complejo por los altos costes de seguridad y por el uso constante que los cofrades hacen de sus enseres, algo que facilita el hecho de tenerlos expuesto en esos museos íntimos que son las Casas de Hermandad. Sin embargo las cofradías poseen unas piezas valiosísimas que ni pueden ser expuestas en vitrinas, por su tamaño, ni, en muchos casos, se pueden tener en las distintas sedes, dado el espacio que necesitan; ni, por supuesto, pueden ser admirados durante el año. Me estoy refiriendo a las andas procesionales, a lo que aquí entendemos como los pasos, en especial los de misterio, ya que los de palio se pueden desarmar. Estos pasos, auténticas obras de arte, por necesidad, se guardan en locales de todo tipo, algunos en situaciones no muy propias para tan preciados tesoros y en otros ocupando unas dependencias que las hermandades necesitan para otros fines.
            Todas estas circunstancias son motivos, más que suficientes, para plantearse si la ciudad en general, cofrades y visitantes, no saldría más beneficiada con la creación de un museo, único en el mundo, de andas procesionales, de nuestros llamados pasos. De momento se cuenta ya con cerca de cuarenta, si incluimos no sólo los de Semana Santa, sino también piezas tan importantes como las andas del Corpus o del Rosario. El Museo de pasos de Jerez sería una oferta museística de una importancia tremenda, que podría situarse en una de esas naves catedralicias que durante años han servido de bodegas, un espacio con aires mudéjares que acogería tal cantidad de retablos itinerantes que ni en los más ricos templos podremos encontrar, obras maestras de insignes tallistas como Guzmán Bejarano, José Ovando, Antonio Martín, Francisco Ruiz o de escultores como Castillo Lastrucci o Lutgardo Pinto se darían la mano con piezas de orfebrería y otros tan originales como el del Señor del Ecce-Homo de la Hermandad del Mayor Dolor.

Un rico muestrario procesional que vendría no sólo a potenciar la oferta turística, a autofinanciarse y a paliar muchos problemas a las hermandades, sino también a mostrar, durante todo el año, lo que los jerezanos han sido capaz de hacer por Dios, por sus cofradías y por el engrandecimiento de su simpar Semana Santa.
(Artículo publicado en Información Jerez el 27 de agosto de 2005. Los Vía-Crucis celebrados en Madrid y en Cádiz con motivo de la JMJ han mostrado parte del impresionante patrimonio artístico que poseen las distintas Hermandades y Cofradías)
El antiguo paso de la jerezana Hermandad del Cristo del Amor es una joya artística de la Semana Santa del ayer que perdió Jerez por no contar con un lugar apropiado para ser expuesto.


El antiguo paso del "Cachorro" fue adquirido en la pasada década de los setenta por la Hermandad de la Cena de Jerez. Una pieza única que solo puede admirarse por Semana Santa



sábado, 27 de agosto de 2011

EL JEREZ DESPERDIGADO


          Por muchas actividades que organicen los propios ayuntamientos, las ciudades del interior suelen quedarse vacías cuando llega el mes de agosto. Jerez, por su situación privilegiada, siempre ha tendido a marcharse a la costa cuando aprietan los calores veraniegos, pero existe otro Jerez desperdigado que no se limita a las vacaciones, ni al factor humano, me refiero concretamente a ese Jerez artístico y patrimonial que, por distintas circunstancias, se ha visto obligado a salir de su lugar de origen.
          Muchos objetos de arte jerezanos de adopción, han cruzado nuestras fronteras para formar parte de museos e iglesias de otras localidades. El ejemplo más conocido es la colección de Zurbaranes, procedente de la Cartuja jerezana, que se encuentran en el museo de Bellas Artes de Cádiz. Otros ejemplos de este Jerez desperdigado es la ánfora árabe originaria, también, de la Cartuja jerezana y expuesta en el Museo Arqueológico nacional de Madrid. Existe una interesante colección de pinturas de Montenegro sobre temas jerezanos en el Museo de Artes y Costumbres Populares de Sevilla. Dentro del arte sacro, en la iglesia de la Aurora de Grazalema podemos contemplar la grandiosa Inmaculada que durante años presidió el altar mayor de la parroquia de San Pedro. En Villaluenga del Rosario se encuentra la Virgen que el escultor Sánchez Cid hizo para la Hermandad de la Coronación jerezana en la década de los treinta del pasado siglo. En Arcos está la primitiva Virgen de la Esperanza de San Francisco y el caso más desafortunado, el más claro ejemplo del Jerez desperdigado, se da en el antiguo Baldaquino de nuestra catedral, una obra en mármol del arquitecto jerezano Francisco Hernández Rubio que, tras su venta, permanece desmontado en las Bodegas Osborne del Puerto de Santa María.

             Aquí en Jerez han nacido muchas obras de arte que forman parte de colecciones tanto particulares  como públicas repartidas no sólo por pueblos y ciudades cercanas sino también por el mundo entero. Retablos de Andrés Benítez, imágenes de Camacho de Mendoza o de Francisco Pinto; de la etapa jerezana de José de Arce, Diego Roldán o Jacome Baccaro; Ramón Chaveli y Ortega Bru; pinturas de Rodríguez de Losada, del Tahonero (con una buena colección de retratos en Cádiz) , Luis Sevil, Álvarez Algeciras ,Juan Comba, Sánchez Barbudo, Gallego Arnosa, Nicolás Soro, González Agreda, González Ragel, Teodoro Miciano, Padilla, Vicente Chamorro o Muñoz Cebrián; podemos encontrarnos en cualquiera de nuestros viajes o en muchos domicilios particulares  de fuera de Jerez. Son, acreditadas obras jerezanas, porque nacieron del genio de sus autores bajo el cielo y el duende de esta tierra.
             Todo ello es la contribución artística de una ciudad a la cultura y a la riqueza patrimonial de un país, algo que nos debe de llenar de orgullo por cuanto significa de prestigio tanta producción artística que siendo jerezana se encuentra desperdigada por el mundo como embajadoras de la calidad cultural y el genio de tantos artistas locales.

             Las vacaciones son una buena oportunidad para no dejar pasar la ocasión de acercarnos, en nuestros desplazamientos, a comprobar estas piezas de museo que un día nacieron aquí o formaron parte del patrimonio artístico jerezano, y que por las circunstancias del momento son ya fieles testigos de un Jerez artístico disgregado que, aún, mantiene el peso importante de su lugar de origen o de la etapa histórica de la que formo parte dentro del elenco patrimonial local. Por ello, si algún jerezano viaja en estos días a Madrid, Sevilla, Cádiz, Grazalema, Villaluenga o Arcos, o es invitado a residencias donde se guarden, como un tesoro en la diáspora, obras de arte jerezanas, que no deje de pararse unos instantes ante ellas porque quedarán impregnados de ese sentimiento que ya un día captara el profesor Hernández Díaz al llamar a Jerez "emporio del arte”.
              (Artículo publicado en Jerez Información el 5 de agosto de 2006)

San Juan Bautista. Cuadro de Zurbarán, que perteneció a la Cartuja de Jerez y que forma parte del Museo de Bellas Artes de Cádiz. En la cabecera el Beato Juan Hougthon otra de la obras de Zurbarán, perteneciente a la Cartuja jerezana, que pasó a englosar la colección del Museo de Cádiz.

Ánfora árabe hallada en 1927 en la Cartuja de Jerez, obra probable de un taller malagueño del siglo XIV que hoy, por no haber dispuesto entonces Jerez de un Centro en donde exponerla con garantías de conservación, es orgullo de nuestro Museo Arqueológico Nacional.

Uno de los casos más significativos del Jerez desperdigado es el antiguo baldaquino de la catedral jerezana que, tras ser desmontado y vendido, la gran mayoría de sus piezas se encuentran actualmente en la bodega Osborne de El Puerto de Santa María.






jueves, 25 de agosto de 2011

CABALLOS


          Arranca una nueva edición de las tradicionales carreras de caballos de Sanlúcar de Barrameda, un auténtico espectáculo ecuestre en el hipódromo natural de las playas sanluqueñas. Un primer ciclo que ya se ha celebrado esta semana y que tendrá su continuación los próximos días. Una Fiesta de Interés Turístico Internacional desde el año 1997, que alcanza ya su 166 edición, más de siglo y medio de vida, y que está considerada como el mayor espectáculo de las playas del Sur.
            El caballo vuelve a ser protagonista en las grandes fiestas andaluzas. Jerez, tan amante de las pruebas equinas, se hará presente un año más en Sanlúcar, y más concretamente en el recinto que la Sociedad de Carreras de Caballos, instala cada año en la playa de Las Piletas, para participar de un evento que, por proximidad y por afición, le resulta tan cercano.

            Recordemos aquellos elogios a Jerez del recordado escritor Martín Ferrador que hablando de la afición de los jerezanos por caballos apuntaba, “Tampoco escasea quien elogie la majestuosa extensión de las dehesas jerezanas, pastizales de caballos tan apreciados que en distintas ocasiones la bizarría del cabildo, en señal de cometido vasallaje, ha hecho presente de ellos a la realeza; y que ya el desinteresado testimonio de micer Andrea Navajiero, embajador de la señoría veneciana en la corte de Carlos V, los tuvo por los mejores entre los andaluces, que es encarecimiento supremo; y el afán mitológico de los antiguos coligió de ligereza y gallarda bravura de nuestros corceles que las yeguas concebían solas” o los poderosos trotones con que obsequiara el Consejo de la ciudad a Enrique IV para que hiciera su viaje desde Jerez a Gibraltar, o aquel otro caballo con que Juan Riquel, gran labrador y ganadero, obsequió a la reina Católica, y que según afirmó la señora en carta suya, “no tenía igual en toda España”. Las buenas cualidades de los caballos jerezanos se hicieron patentes en el caballo del osado Fernando de Padilla, que en apurado trance, aún con el menudillo hendido y cortado, haciendo casco del sangriento muñón galopó hasta salvar a su perseguido dueño. Y en tiempos posteriores Sebastián Marocho, en su inédito diario, escribió que en el año 1731 fue a Madrid a negocios el Presbítero y beneficiado Don Antonio Quintanilla y volvió, habiendo despachado su asunto, en once días, en el mismo caballo, que era de color rubio y volvió con la misma valentía.
             La majestad, la gallardía, el brío, el ímpetu y la hermosura de las potradas en libertad, nadie los ha expresado con la vehemencia que Cortines y Mumbe escribió en estos versos: “Se lanza velozmente por doquiera la legión indomable de los potros, las colas enmarcadas y las crines flotantes en espléndido abandono, besadas por los soles refulgentes, rizadas de huracanes imperiosos. Y son los ligerísimos corceles castaños, negros, alazanes, tordos…. Erguidas las cabezas orgullosas, con relinchos expresan su alborozo. Los ágiles greñudos giran fieros: ¡Nada a su empuje servirá de estorbo!

            Sanlúcar se convierte en este día en una prolongación de la jerezana Feria del Caballo, donde los corceles no pasean encorsetados sobre el recinto ferial, como animal de compañía en Fiesta de San Antón, sino libre y al galope, como galgo en explanada.
             Cuentan que fue en 1845 cuando se disputaron las primeras carreras oficiales pero que desde mucho antes se llevaban a cabo carreras entre quienes utilizaban caballos para transportar pescados desde el muelle a los mercados sanluqueños y a las poblaciones cercanas. Quien quita que fuera en una de estas visitas un caballo sanluqueño se enamorara de una yegua jerezana y aún, cada mes de agosto cercano el olor a vendimia, galopa y corta el viento, en busca de aquellas playas que perdimos donde un día encontró a su amada.

           (Atículo publicado en Información Jerez el pasado sábado 13 de agosto de 2011. Hoy se inicia el segundo ciclo de carreras de caballos de Sanlúcar de Barrameda)

Los primeros Estatutos de la Sociedad de Carreras de Caballos de Sanlúcar de Barrameda datan de de 1845


Las carreras de caballos sanluqueñas han sido desde la antigüedad, además de un evento deportivo, un importante acontecimiento social.


En esta curiosa fotografía aérea de la playa de Valdelagrana, de hace unos cuarenta años, podemos ver, en primer término, el trazado del hipódromo que existió antes de los bloques actuales y en donde se disputaron distintas carreras de caballos, muchos ejemplares venidos desde Jerez. 
     

martes, 23 de agosto de 2011

EL PADRE AMADOR

          
          EN EL PRIMER ANIVERSARIO DE SU FALLECIMIENTO

           El Real Convento de Santo Domingo de Jerez fue y sigue siendo la Academia de las Buenas Letras que nos falta, el Ateneo de la docta palabra, la universidad del estudio y el saber religioso, un emporio de arte en el más exquisito de los gustos, un gran patrimonio cultural e histórico de valor incalculable, una docta casa donde se han cultivado prestigiosos oradores y grandes personajes de la historia, un recinto que acogió en tiempos estudios superiores de Artes y Teología, un recinto donde se ha cultivado la exquisitez, en la palabra, en las formas y en el trato. Según especifica el Padre Cuenca en su libro sobre este histórico convento: El carisma especificamente dominicano ha sido y sigue siendo a través del tiempo y de los siglos: la vida de comunidad, la oración, el estudio y la predicación, todo al servicio de la Verdad. El lema de Santo Domingo es: Contemplare et contemplata allis tradere. Comtemplación que nace de la meditación crítica y serena de la Sagrada Escritura, la Tradición y el Magisterio de la Iglesia.. En tiempos pasados han salido de las aulas de este convento catedráticos, santos, predicadores, misioneros, mártires, obispos. En 1545 fue constituido "Estudio General" donde acudían estudiantes de toda la provincia de Cádiz y de otros conventos, llegando a tener la comunidad más de cien frailes.
           
           Y una de esos frailes que, sin duda, han dado prestigio a este convento, por su saber y su dotes oratorias ha sido el recientemente fallecido Padre Amador Mellado.
          
            Conocí al Padre Amador en aquel año 1974 cuando los cofrades de Loreto llegamos al convento de Santo Domingo, buscando cobijo tras el cierre de nuestra sede de la parroquia de San Pedro, él ya estaba allí, acababa de incorporarse a la comunidad, era sumamente educado, un predicador de profundos conocimientos, fino en su palabra y fino en todas sus formas, un fraile místico,culto, prudente y a su vez cordial que desde el primer momento supo ganarse el aprecio de todos. El Padre Amador formaba parte de aquella comunidad constituida por el Padre Paco, Francisco Fernández Cano, que ejercía las labores de Prior, el Padre Ramón Fernández Aparicio, el Padre Agustín López García, el propio padre Amador y Fray Domingo Campos López, comunidad que nos acogió con hospitalidad exquisita. Estos eran, se puede decir, los fijos, luego formaban parte de la comunidad otros frailes que iban y venían según mandaba la superioridad y que también gozaron de nuestro aprecio y cariño.
           
              El Padre Amador pronto hizo amistad con los hermanos de Loreto, predicando nuestros primeros cultos en el templo dominico, haciéndose presente desde entonces en la predicación de muchos cultos que siguieron, incluso cuando ya la reapertura de San Pedro obligó nuestro traslado a nuestra iglesia de siempre.
           
               Aquella histórica comunidad dominica permaneció muy unida a nuestra Hermandad muchos años después de que abandonáramos el templo de Cristina, anualmente se organizaba un almuerzo de convivencia en honor de los frailes dominicos, algo que era esperado con ilusión por toda la comunidad, así mismo eran invitados al tradicional almuerzo de Hermandad tras la solemne Función Principal.
            
             Los sucesivos priores, el Padre Plaza, el Padre Agustín Turrado, el Padre Porfirio Pérez Pontejo,el Padre José Gabriel Rodríguez, el Padre Vicente Cudeiro o el Padre José Cuenca, los miembros de la comunidad Isidoro Cañizares, José Berlanga, Francisco García o Martín Alexis han mantenido esa estrecha vinculación con nuestra corporación nacida en aquellos años de forzado exilio. Todos han estado presentes, con su docta palabra, en distintas celebraciones religiosas que posteriormente hemos celebrado.
             
              El Padre Amador era el último que quedaba en Jerez de aquella comunidad de los años setenta del pasado siglo, unos fallecieron y otros fueron la trasladados a nuevo destino. La figura escuálida y, a su vez, grandiosa en conocimientos y magisterio, de este sacerdote que llevaba 37 años en Jerez se ha ido, a los 86 años, justamente en el día de la Asunción de María; la Milicia Angélica, ha venido por él, para llevárselo, con su sempiterno hábito blanco y rosario en la cintura, a segur predicando en tan señalado día, al servicio de La Verdad y en destino eterno, las glorias de María.
            
                (Artículo publicado en Información Jerez el 21 de agosto de 2010)

De izquierda a derecha el P. Amador Mellado Moreno, el P.Francisco Fernández Cano y el P. Ramón Fernández Aparicio en la procesión de la Rosa de mediados de la pasada década de los setenta.


El P. Amador, primero por la izquierda, en uno de las recordados almuerzos, tras la Función Principal de Instituto de la Hermandad de Loreto, en las antiguas instalaciones de Chapín. En la foto de mediados de los ochenta, vemos también al P. Agustín Turrado, al P. Agustín López y al P. Ramón Fernández O.P., todos también fallecidos, junto a los cofrades lauretanos José Luis Ferrer y Sra. y Miguel Puyol y Sra.

domingo, 21 de agosto de 2011

TENGO DERECHO A MI FIESTA


           La JMJ nos está deparando imágenes y actitudes inéditas, instantes sorprendentes en cada acto cultural y cultual, en cada actuación musical y escénica, en los testimonios, en las relaciones institucionales, en el voluntariado, en la fuerza de la religiosidad popular, en el empuje juvenil en torno a unas creencias y una fe, un auténtico revulsivo para el mundo católico.
            Lo ha dejado escrito el Arzobispo de Sevilla “estos jóvenes no vienen siguiendo a ningún ídolo de rock, ni a ningún mito efímero. Tampoco vienen atraídos por los señuelos de alcohol, las drogas o la libertad sin barreras, tan frecuentes en otras reuniones juveniles. Son una legión de jóvenes de mirada limpia, alegres, pacíficos y respetuosos”. Es la gran fiesta de la juventud pero la de la voz fresca, la palabra valiente que anuncia una Verdad, siempre grávida de la justicia y la paz, como apuntó, también, el arzobispo de Zaragoza.

            Una juventud que como el nuevo eslogan de IKEA tienen derecho a su fiesta, por mucho que intenten los grupúsculos de siempre, que le producen urticaria todo lo que suene a religiosidad y a la enorme fuerza que el catolicismo arrastra, intentar ensombrecer con manifestaciones contrarias y acusaciones sin sentido.
              Los jóvenes católicos tienen derecho a su fiesta, a ocupar calles y plazas que también le pertenecen a ellos, más aún cuando en una democracia la fuerza de basa en las mayorías. Una masa de jóvenes que estos días se reúnen en Madrid y necesitarían miles de Puertas del Sol para dar cabida a sus acampadas. Los jóvenes que en estos días han ido al encuentro del Papa en la capital de España tienen todo el derecho del mundo a festejar lo que creen y en quien creen.

            La fiesta del JMJ contó con su preámbulo en toda España con diversos actos organizados por las distintas diócesis. En Jerez hubo un memorable prólogo en Chapín, un acto festivo pleno de testimonios, donde cerca de tres mil jóvenes disfrutaron de una fiesta previa a su cita en Madrid. Jerez, con aproximadamente 1.200 jóvenes diocesanos y otros muchos venidos de una decena de países europeos y sudamericanos, pusieron en pie una fiesta a la que tenían derecho como ciudadanos y como católicos, viviéndose momentos inolvidables. Ayer viernes, Jerez de nuevo vivió su particular fiesta, un sueño, en torno al Moreno de la Plata, imágenes inéditas de un Jerez en Madrid con el Nazareno de Pinto como representativo de las devociones semanasanteras de la ciudad. San Isidro haciendo de Santa Ana, el Madrid de los Austrias convertido en barrio de la Plata, la Puerta del Sol con el popular anuncio del Tío Pepe, más iluminado que nunca, por ver lo nunca visto, un Cristo de Jerez procesionando por tan emblemático enclave madrileño, la Cibeles recordado a la fuente de la Rotonda y el paseo de Recoletos haciendo de imaginaria Carrera Oficial.
              Como jerezano, católico y cofrade tengo derecho a mi fiesta, a disfrutar con mis hermanos de la Candelaria en esta experiencia única, al gozo de comprobar que Jerez ha estado presente en un acontecimiento de tamaña magnitud y sobre todo la alegría del éxito de una convocatoria que, una vez más, ha demostrado que nuestra cultura no se puede entender sin la profunda fe católica de occidente y que la historia no habría sido la misma sin Jesucristo y su mensaje de justicia y de paz, un mensaje que aún cautiva a muchos jóvenes del mundo, por mucho que nos quieran hacer ver lo contrario, y que es la gran esperanza del futuro.

            (Artículo publicado en Información Jerez ayer sábado 20 de agosto de 2011) 

Primitiva imagen del Señor de las Misericordias, obra de Castillo Lastrucci, que fue sustituida en 1976 por la actual, realizada por el escultor jerezano Francisco Pinto Berraquero.
                    

lunes, 15 de agosto de 2011

CRÓNICA ASUNCIONISTA

         
         EN LA SOLEMNIDAD DE LA ASUNCIÓN DE MARÍA
          
          En estos tiempos que corren hablar en prensa sobre temas religiosos resulta hasta raro y más aún cuando los calores aprietan y solo se piensa en disfrutar de las merecidas vacaciones. Pero hoy es quince de agosto, el de día de la Virgen de Agosto, el día en que la iglesia católica celebra la Asunción de la Virgen en cuerpo y alma a los cielos.
         
          Desconocemos a ciencia cierta la época precisa en que se comenzó a celebrar en la Iglesia la festividad de la Asunción, si bien documentos irrecusables atestiguan que ya en el siglo VI, se celebraba con solemnidad. Por lo que hace a España, parece arrancar esta fiesta de los últimos tiempos de la monarquía visigoda, del reinado de Wamba, según demuestran graves autores, si bien la creencia de este misterio, estaba ya arraigada entre el pueblo antes de esas fechas. Es más: en la liturgia española no solo aparece la afirmación categórica de la Asunción corporal de María, sino que además se encuentran expuestos con solidez y devoción, los principales argumentos, en que se apoya el misterio. En cualquiera de las misas asuncionistas de España aparecen argumentos admirablementes expresados.
         
          La celeridad que en todo el orbe cristiano alcanzó esta fiesta en remotïsimos tiempos y la enorme rapidez de su difusión no permite dudar que el misterio de la Asunción de la Virgen sea una tradición que nos legaron los propios Apóstoles y por lo tanto, susceptible a la definición dogmática, como lo fue el la Inmaculada Concepción, del cual la Asunción es consecuencia natural.
         
            El 15 de agosto de 1950, se daba la noticia de la convocatoria de consistorio extraordinario por parte del papa Pío XII con el fin de proclamar el dogma de Asunción de la Virgen María. De inmediato, en Jerez, surgió la idea de levantar un monumento a la Asunción promovida por la Congregación de la Inmaculada y San Luis Gonzaga, los recordados Luises, y el alma de la propuesta el padre Antonio de Viu. Se crea una Comisión Pro-Monumento, que propone al arquitecto municipal Fernando de la Cuadra e Irizar para que realice los bocetos y sugiera al escultor que lo lleve a cabo. El 7 de diciembre de aquel año el Ayuntamiento jerezano aprueba la propuesta y el arquitecto municipal elige al escultor Vasallo. El 21 de febrero de 1952 el Ayuntamiento cambió el nombre de plaza sustituyendo el de Francisco Revueltas Montel por el actual de la Asunción. El monumento sería inaugurado el 24 de febrero de 1952. El primer monumento en el mundo dedicado a la Asunción de María.
           
          Las crónicas de la época con esa redacción tan característica, que forma parte ya de ese Jerez intramuros de los viejos cronistas del ayer decía: "Jerez entero había llegado a suspirar con ansia febril por ese día, y ¡helo aquí!. Mañana típica de febrero cielo entoldado, vientos del sur y del oeste que luchan y forcejean corriendo y descorriendo los transparentes de las nubes y sacudiendo rabiosamente las colgaduras y gallardetes que engalanan la vieja plaza de Escribanos ¡ya de la Asunción!¡Piedras milenarias del antiguo Municipio!¡Pórtico abocinado de la filial de San Dionisio! Miráis con asombro perturbada la pacífica soledad de vuestro emplazamiento y veis vuestras bocacalles, como los antiguos vomitorios de la ciudad de Roma en los grandes acontecimientos bélicos, volcar oleadas y oleadas de seres humanos; algarabías de banderas, estandartes y cruces procesionales, escucháis trepidantes motores de aviones y estruendosos repiqueteos de campanas y campanillas, vivas, rezos, oraciones..... es ¡El gran día de Jerez!... la voz del Prelado proclama, por los altavoces las palabras del Ritual....el Sr. Alcalde vela la voz por la emoción... y transmite magnéticamente ese mismo fervor a cuantos le escuchan...y se encarama hasta la columna misma del monumento a la Asunción.. ¡Día grande para Jerez1"
            
            Con esta forma periodística de un periodismo que se fue, de ese periodismo que despreciaba el tiempo y el espacio para llenarse de lírica, cuando , además, ahora que el periodismo local no pase por muy buenos momentos, sirva esta crónica asuncionista, en este quince de agosto, como homenaje a cuantos, como este cronista del ayer exaltador del asuncionismo en Jerez y como Manolo Liaño, tristemente fallecido en este semana, fueron, son y seguirán siendo singulares contadores de las verdades de esta tierra.
          
              (Artículo publicado en Información Jerez el 15 de agosto de 2009) 

Año 1965. Plaza de la Asunción cuando aún podían transitar vehículos por ella


El mismo ángulo de la plaza, unos años antes, sin el monumento a la Asunción





    

sábado, 13 de agosto de 2011

SANLÚCAR Y JEREZ


Sanlúcar de Barrameda y Jerez de la Frontera son como dos hermanas que llevándose tan bien no pueden estar siempre juntas porque las circunstancias les han obligado a vivir cerca pero distanciadas. Jerez y Sanlúcar, Sanlúcar y Jerez les unen tantas cosas, que ya resultaba hasta insultante que no existiese una gran avenida para comunicarse entre sí. Ahora con la nueva autovía se ha hecho justicia, las hermanas ya tienen una tarifa fija para poder charlar todo lo que quieran sin que le cueste ni tiempo ni dinero, ahora las visitas pueden ser más frecuentes y el tiempo en casa de cada una de ellas se puede aprovechar al máximo, sin el peligro que se eche la hora de la comida encima, o se vaya el santo al cielo.
           Porque ahora Sanlúcar está mucho más cerca de Jerez y  Jerez más cerca de Sanlúcar; ahora ya no hay excusa para las visitas, ahora Sanlúcar nos espera con su cálido olor a manzanilla, con su Barrio Bajo, entre paseos por la Calzada y sus buenas tapas de papas aliñás en la plaza del Cabildo, sus magníficos helados y sus famosos pescados de Bajo Guía. Y su Barrio Alto en donde su calle Jerez hace gala de esa relación fraternal, entre la iglesia de la Borriquita y el palacio de los Medina Sidonia; y uniendo los dos barrios, como el cordón umbilical que unió de siempre a estas dos ciudades, la cuesta de Belén con su antiguo templo de la Merced que donó, como muestra de su generosidad sanluqueña y jerezanía mercedaria, su espléndido retablo mayor a la Cartuja jerezana, para que ésta no perdiera su esplendor de siempre; y sus artísticas covachas, -hay que tener arte para realizar unas covachas sobre espléndida y afiligranada orfebrería en piedra, en estilo gótico tardío de la segunda mitad del XIX-. Decorar tan prodigiosamente unas covachas son las cosas que sólo pasa en Sanlúcar.

El próximo día 15 de agosto es el gran día de los sanluqueños, el día de su patrona la Virgen de la Caridad, y Jerez, como hace todos los años, acudirá a felicitar a su hermana, compartirá el júbilo de la ciudad y vivirá un día tan señalado, que podría incluirse casi en el calendario festivo jerezano, porque los jerezanos sabemos que ir a Sanlúcar es como estar en casa, pero con las ventajas que la naturaleza le ha regalado a esa hermana nuestra costera, a esa tierra luminosa, a esa Sanlúcar de Barrameda -fluvial y atlántica, agrícola y marinera- que aparece resplandeciente en el centro geográfico de la deslumbradora Costa de la Luz.
            El 15 de agosto es el día en que Jerez se va a Sanlúcar, porque es el día de la Virgen de agosto; el de Sevilla con su Virgen de los Reyes y San Fernando con su Divina Pastora; es el día del alumbrado extraordinario y de la alfombra de sal, tan propia de las poblaciones costeras, es el día de la Caridad, el del Santuario, hoy Basílica, levantado por los duques don Alonso y doña Ana, a comienzos del siglo XVII y el de la procesión, entre sones de la banda Julián Cerdán.

La manzanilla, decía el ilustre José María Pemán, que "venía a ser como un jerez aniñado y vestido de marinerito. Su éxito mundial es tan ancho que ha llegado a ser confundido con los finos de Jerez, que muy a menudo llama la gente manzanilla. La manzanilla pone su honor, al revés del jerez, en su juventud y actualidad. Y en vez de ser dedicada a Matusalén o Napoleón, le gusta tomar el nombre de la cupletista o el torero más en boga y de mayor cartel". Por eso la manzanilla es como ese sobrino privilegiado que como no nos demos cuenta nos quita el puesto en el negocio familiar.
            Jerez y Sanlúcar son dos ciudades tan cercanas, por tantos motivos, que ya es hora de que ambos municipios caigan en la cuenta de que el hermanamiento debe de ser una cosa oficial, si aún no lo es, y lo que ahora es un sentimiento se trasforme en una realidad, la Caridad y la Merced unen a los pueblos, y no digamos nada con un catavino de por medio entre carretas del Rocío, cantes de Jerez y brisas de Doñana.

           (Artículo publicado en Información Jerez el 12 de agosto de 2006. El próximo lunes 15 de agosto, un año más, muchos jerezanos se harán presentes en Sanlúcar para venerar a la Virgen de la Caridad)

Fotografía antigua de la iglesia de la Merced de Sanlúcar de Barrameda cuando aún conservaba su retablo mayor antes de ser donado a la cartuja jerezana por la duquesa de Medina Sidonia propietaria del templo.


Imagen retrospectiva del barrio alto de Sanlúcar con la calle Jerez al fondo y la espadaña del templo de San Miguel


El mismo enclave sanluqueño desde otro ángulo, en una imagen costumbrista del ayer, donde podemos ver a la fila de niños acompañada de un religioso, casi con toda seguridad un hermano de La Salle.







jueves, 11 de agosto de 2011

LA OCUPACIÓN HOTELERA


           La patronal de la hostelería de la provincia de Cádiz, Horeca, ha dado a conocer esta semana los datos de ocupación hotelera del pasado mes de julio en nuestra ciudad, registrándose una ocupación del 60,87 %, casi cinco puntos más que en julio de 2010 que fue del 56,06 %.
            Según el presidente de Horeca estos datos se deben por un lado que en Jerez, en verano, hay precios de temporada baja, mientras en la costa son de temporada alta, a que Jerez tiene su propia oferta como son los caballos, el flamenco, el Zoo, etc., y además que Jerez es la única ciudad que tiene varias playas, a 15 minutos El Puerto y a media hora Rota y Sanlúcar.

            Son datos que merecen tener en cuenta por cuanto supone para nuestra ciudad el que, poco a poco, vaya ganando un puesto entre los destinos preferidos por españoles y extranjeros a la hora de elegir un lugar donde pasar sus vacaciones.
             No hay que remontarse mucho tiempo atrás para recordar lo extraño que suponía ver pasear por nuestra ciudad a un foráneo con plano en mano, la escasez de hoteles y la poca oferta museística y cultural que se ofrecía. Por ofrecer algún dato de referencia, hace cincuenta años, en la Guía de Jerez del año 1961 solo figuraban cuatro hoteles “Los Cisnes”, perteneciente a Hotelera Andaluza S.A y anteriormente a la viuda de Blas Gil López, un emblemático hotel enclavado en el centro de la calle Larga, donde acudían a hospedarse las principales personalidades que llegaban a la ciudad, construido a principios del siglo XX y reformado en 1938 por los arquitectos Fernando de la Cuadra y Luis Gutiérrez Soto, “Los Cisnes” marcó toda una etapa no solo en el gremio de la hostelería sino también en la vida de la ciudad; el Hotel Centro en la calle Doña Blanca con su amplio garaje en la planta baja; el Hotel Comercio en la misma calle y el Nuevo Hotel, un elegante recinto con aires decimonónicos, lugar de celebraciones y reuniones familiares, que aún mantiene en la calle Caballeros ese sabor romántico del ayer. De estos cuatro históricos hoteles solo el Nuevo Hotel se mantiene abierto los otros tres, debido a su privilegiado emplazamiento, han pasado a ser con el tiempo espacios comerciales.

            Las ofertas turísticas que ofrece la ciudad han permitido que en los últimos años la oferta hotelera se haya incrementado notablemente, posibilitando que Jerez se convierta, en nada de tiempo, en un destino turístico de calidad. Por eso no es de extrañar los datos que ahora se ofrecen desde la patronal hotelera, cuando además, según las mismas fuentes, las principales ciudades costeras de la provincia han visto reducidos los datos de ocupación con respecto al año pasado y todo ello dentro de un tendencia al ahorro por el estado de crisis actual.
             Si bien hay que alegrarse por estos datos tan positivos para nuestra ciudad no hay que dejar de reconocer que en la promoción de Jerez hay mucho camino aún por recorrer con respecto a lo que ofrecen otras ciudades incluso con menos potencial turístico.

            Si con caballos, flamenco y ocio ya hemos logrado competir, en pleno mes de julio, con las ofertas turísticas de la costa, si la apuesta hotelera en la ciudad es rentable como se viene demostrando en los últimos años  y si Jerez se va consolidando como destino turísticos de calidad, no es difícil imaginar lo que supondría el potenciar otros valores que permanecen olvidados como museos, casco histórico, rutas, palacios, etc.
            Es hora ya de que se apueste firmemente por este sector por cuanto supone de atracción de riqueza, pero para ello hace falta una fuerte implicación del sector público y privado, porque de nada sirve tener los hoteles ocupados si eso, al final, no depara ocupación, también, para los propios jerezanos, es decir el tan necesario empleo. 

             (Artículo publicado en Información Jerez el pasado sábado día 6 de agosto de 2011)

El Hotel Los Cisnes en sus primeros años


Fachada del Hotel Los Cisnes tras la reforma del año 1938


Desaparecido jardín interior del mismo hotel


Hotel Los Cisnes,vista del bar.


          

martes, 9 de agosto de 2011

EL JEREZ DE GONZÁLEZ GORDON


Completando la trilogía sobre el Jerez de otros tiempos, descrito por personajes ilustres, nos acercamos, en esta ocasión, a la recordada figura del Marqués de Bonanza, Manuel María González Gordon, “Obispo estampillado”, como cariñosamente lo define en la presentación de su emblemático libro “Jerez-Xerez-Sherish”, el entonces Alcalde de Jerez,. Duque de Primo de Rivera, por su ejemplar forma de ser y por su jerarquía innata dentro de la Diócesis del Vino. La mencionada obra es ya un clásico dentro de los estudios sobre el vino de Jerez y un libro indispensable para todo aquel que quiera conocer en profundidad nuestra historia, nuestros vinos, nuestras viñas, nuestras tonelerías y nuestras artes. Son interesantes los datos que aporta de la historia de Jerez, recogiendo opiniones autorizadas sobre el origen y la historia de  la ciudad.
           Desde César Pemán, con sus estudios sobre la relación con la cultura de Tartessos, los descubrimientos de Manuel Esteve, pasando por la denominación goda expuesta en los discursos del insigne Manuel de Bertemati, las aportaciones del Padre Martín de Roa en su obra “Sobre el nombre, sitio y antigüedad de la ciudad de Xerez” , la inevitable referencia a Joaquín Portillo y sus “Noches Jerezanas”, los valiosos apuntes sobre la reconquista de Menéndez Pidal en su Crónica General, hasta los datos del cronista Spínola sobre la historia inédita de Jerez y la concesión del escudo de armas de la ciudad, son todo un recorrido por la historia local desde la perspectiva de los mejores investigadores.

Sin embargo, las referencias más curiosas al Jerez antiguo quedan reflejadas en los escritos, recogidos en este libro de González Gordon, de El Idrisi (Siglo XII): “De Carmona a Xerez, villa dependiente de Sidonia, 3 jornadas. De Sevilla a Xerez, se cuentan dos grandes jornadas. Xerez es una plaza fuerte, de mediana extensión, ceñida por muralla; sus alrededores son de un agradable aspecto porque está rodeada de viñedos, olivares e higueras. El terreno produce trigo y los artículos de subsistencia están a un precio razonable”. Siendo sumamente interesante la traducción que se hace en este libro de los escritos de Jorge W. Suter. El Sr. Suter vivió en Jerez desde 1837 a 1887 donde fue vice-cónsul británico, y estuvo en esta ciudad durante la epidemia de cólera que azotó la población en 1834.  Dice así el citado escritor: “El pueblo es grande y destartalado, aunque tiene algunas calles buenas y varias plazas o desahogos. Coches de alquiler no existen y solamente hay tres particulares muy anticuados y de gran tamaño y tirados por mulas con arreos de cáñamo. Ninguna calle tiene alcantarillado, pavimento ni alumbrado, y durante el tiempo lluvioso no es cosa fácil ir de una casa otra. De noche es preciso, por falta de alumbrado, que un criado se adelante con una antorcha en una mano y un garrote en otra para protegerse de posibles atracos”.
             Como se puede comprobar por estos escritos, que nos trasladan a tiempos pasados, en algunas cosas, afortunadamente, hemos cambiado bastante, en otras, desgraciadamente, no tanto.

            (Artículo publicado en Información Jerez el 1 de septiembre de 2007)

"..Xerez es una plaza fuerte, de mediana extensión, ceñida por muralla..".Grabado de Jerez del S. XIX


Postal antigua de la bodega González Byass, emblema de la familia González en Jerez.



domingo, 7 de agosto de 2011

EL JEREZ DE RICHARD FORD


          Para los que en estos días aprovechan sus vacaciones en la lectura y los viajes existe una abundante bibliografía de libros de viajes por España. Pero ninguno ha alcanzado el prestigio y la justa fama del Manual para viajeros por España y lectores en casa, publicado por primera vez en Londres en 1845 y cuyo autor fue el escritor romántico Richard Ford.
           Bajo el discreto título de Manual se esconde el más completo, más original, más profundo y mejor escrito entre los numerosos libros producidos por los viajeros románticos.

           Richard Ford, hombre de cultura extraordinaria y estupendo escritor, además de dibujante, vino a vivir a Sevilla en 1831 para cuidar la salud de su mujer. Instalado en la capital hispalense y en la Alhambra, recorrió a caballo miles de kilómetros por zonas de España completamente apartadas de las rutas habituales de los viajeros románticos. En uno de estos viajes, tras cruzar desde Cádiz al Puerto en vapor y tomar una calesa, pagando por ello un dólar, alcanza nuestra ciudad.
           Ford llega a un Jerez que, en pleno siglo XIX, aún seguía estancado en el tiempo, con pocas infraestructuras y escaso desarrollo urbanístico.

           Si bien demuestra un perfecto conocimiento de la producción del vino jerezano pocos elogios hace de la ciudad y de sus monumentos, llegando erróneamente a atribuir la fachada del Cabildo Viejo a Berruguete, define a las bodegas como "cobertizos de naves de guerra" en Chatham y califica de "un pésimo churrigueresco" a la antigua Colegiata, despachándose en su crítica hasta el punto de afirmar que "el arquitecto no topó, ni siquiera por casualidad, con una regla acertada ni se, desvió tampoco hacia el sentido común más elemental", algo comprensible conociendo el concepto que sobre el Barroco se tenía en aquella época. Aunque, de todas formas, no gustaría demasiado la ciudad al escritor puesto que la presenta como "mal construida y mal desaguada".
            Sin embargo, lo más interesante que nos queda de esta visita de este viajero romántico a Jerez es la descripción sobre el Jerez de entonces, trasladándonos a un Jerez difícilmente reconocible. Richard Ford nos habla de las antiguas posadas, "la de San Dionisio en la Plaza", refiriéndose a la Plaza del Arenal; "La posada de Consolación", donde se hospedaban caleseros y arrieros; y "El Parador" que, al parecer, era el de mejor hospedaje.

            De "esculturas mutiladas en la calle Bizcocheros y en la calle Ídolos", se sabe que en esta última calle existían dos estatuas romanas empotradas en la pared pero poco se conoce que también hubiesen estatuas o ídolos en Bizcocheros. En la fecha de su visita ya habían sido derribadas la mayoría de las antiguas puertas de entrada a la ciudad amurallada por lo que menciona que "parte de las murallas y portones originales se ven aún en la ciudad vieja". Sitúa a la población en torno a treinta y dos mil habitantes, sobre una ladera cubierta de viñas. Sobre el Alcázar dice "pertenece al duque de San Lorenzo, a condición de que se lo ceda al rey siempre que se encuentre en Jerez". De la Cartuja señala que "está ahora abandonada y profanada". Habla de viejos viñedos como Macharnudo, el Corrascal, Barbiana alta y baja, Los Tertios, Cruz del Husillo, Añina, San Julián, Mochiele Carraola; de grandes casas como Domecq, Haurie, Pemartín, Gordon, Garvey, Bermúdez y Beigbeder.
           Finaliza su paso por la ciudad con una exaltación de "los jereces", de altísima reputación y de una curiosa salida de la población por "La Llanura de Caulina, un terrible páramo, bien abastecido de puentes, que cruzan los muchos arroyos que bajan de las montañas".

             En definitiva una curiosa y evocadora radiografía del Jerez del siglo XIX, que nos remonta a unos tiempos que se pierden en la historia.
             (Artículo publicado en Información Jerez el 25 de agosto de 2007)
Bella postal romántica del Jerez de otros tiempos. La calle Larga entre trajes de época y la Colegial de "un pésimo churrigueresco"

La Goleta en la plaza del Arenal, junto a la posada de San Dionisio que menciona Richard Ford en sus escritos. En su lugar se levanta hoy el edificio de sindicatos.

Cabildo viejo atribuido erróneamente, por el autor, a Berruguete.




viernes, 5 de agosto de 2011

EL JEREZ DE PEMÁN


          El verano es tiempo propicio para la lectura, en especial para libros de viaje. En 1973 sale la tercera edición de la guía de Andalucía de Ediciones Destino escrita por José María Pemán. Una entrañable y personal visión de este afamado literato gaditano sobre la Bética de la mano del excelente escritor Antonio Gutiérrez Martín y a la memoria del insigne Manuel Machado.
          Comienza el libro en Sevilla como cabeza indiscutible de la Bética y después de recorrer Córdoba y Huelva, Pemán llega a Jerez, a un Jerez de 1958, fecha de la primera edición de esta guía de Andalucía, y lo hace por la Avenida que "lleva el nombre de Álvaro Domecq, el famoso rejoneador que se bajó de su caballo para ser alcalde de Jerez". Tenía la ciudad entonces unos cien mil habitantes y 142.420 hectáreas "el tamaño de algunas provincias del norte". Pemán hace parada en el hotel Los Cisnes "No sé porqué este nombre rubeniano ha sido escogido para campear en el rótulo del hotel, que en la calle Larga, está rodeado de cafés y casinillos donde este pueblo de cazadores habla de perdices, pichones, tordos, gallaretas y de patos: de todo menos de cisnes". "La calle Larga de Jerez, en una mañana de sol, es un chorro de todos los oros luminosos, alcohólicos y mercantiles, que pueda uno imaginarse".

           Tras dejar atrás la Plaza del Arenal, el Alcázar y la "moderna y florida" Alameda Fortún de Torres, el escritor nos adentra en la antigua Colegiata para evocarnos desde el reducto catedralicio "de gallarda perspectiva" lo que fueron una de las fiestas más típicas de Jerez: las de la Vendimia, con especial mención a aquellos Juegos Florales "cuyos premios van estimulando y creando una verdadera antología de cantos al vino".
          
           "Al salir de la Colegiata hay que llegarse a la placita de escribanos, rincón perfecto de la ciudad". Posteriormente Pemán se detiene en las iglesias de San Miguel, San Lucas, Santiago, San Francisco y la Merced, para recrearse en un capítulo dedicado al vino de Jerez y las bodegas.

            "En la primera visita que hagáis -y os aconsejo que no dejéis de hacerla- se os informará de que el vino es un organismo vivo con su temperamento y características propias que constituyen de por sí un dique frente al maquinismo y a la técnica. Pensar en utilizar tuberías o depósitos de cemento sonará a herejía en este ambiente donde hasta las telarañas se cuidan con amor para conservar un sabor de tradición que es esencial en un proceso donde el factor tiempo es el más importante". Tras una elogiosa descripción del proceso de elaboración de nuestros caldos en el que con gran acierto sentencia que "Nuestro vino nace tanto de la uva como de la madera de la bota", el insigne escritor advierte al visitante "Durante la visita a la bodega os habrán hecho probar sucesivamente finos, amontillados, dulces y olorosos. ¡Cuidado! Antes que el coctail se inventara, Jerez lo fabricaba ya para divertirse con sus agresivos resultados en los estómagos y cabezas de sus visitantes".
          
             Por último el autor, gran conocedor de nuestra tierra, nos deja con el regusto de dos de sus riquezas más destacadas "Allí os convenceréis de que el auténtico Jerez es vino de aristócratas y de enfermos- es todo lo contrario de un producto bullanguero, popular y juerguista. Es un vino señorial, graduado y serio", para terminar en la Cartuja "sin duda alguna eI primer monumento artístico de la provincia".

          Una guía exquisita de un literato de renombre que nos adentra perfectamente, a pesar del tiempo transcurrido, en la esencia de un Jerez puro, del Jerez apacible que invita a su contemplación desde la evocadora panorámica de otros tiempos. Un Jerez unido a la figura literaria de Pemán que desde su casa de El Cerro, allí donde pasara sus últimos días, nos dejó esta guía para todo aquel visitante que quiera saborear esta tierra desde la perspectiva entrañable y personal de una gloria de nuestras letras.
         
            (Artículo publicado en Información Jerez el 18 de agosto de 2007)
"La calle Larga de Jerez en una mañana de sol, es un chorro de todos los oros luminosos, alcohólicos y mercantiles, que pueda uno imaginarse"

martes, 2 de agosto de 2011

LA CASA SEÑORIAL JEREZANA


Comenzamos un mes de Agosto marcado por las vacaciones y los viajes. Dentro de las rutas turísticas una de las visitas que más interesa son las viviendas típicas de cada lugar, especialmente si esas casas llaman la atención por su originalidad. Así son dignas de ver las cuevas del Sacromonte granadino o las de Guadix, las barracas valencianas, los Pazos gallegos o los cortijos andaluces, por citar solo algunos, así mismo causan admiración, en las grandes urbes, sus palacios y mansiones, dado el interés que despierta el rico tesoro que guardan entre sus muros, ofreciendo, además, la oportunidad de contemplar el modelo de vivienda señorial de cada lugar.
            Por irnos a lo más cercano, en Sevilla merece la pena pasar unas horas recorriendo las lujosas dependencias del palacio de los Duques de Medinaceli, más conocido por la mansión de Pilatos, en donde se dan la mano lo árabe con lo renacentista con suntuosas dependencias decoradas por artistas italianos venidos, expresamente, desde Roma o el de la Condesa de Lebrija, en la calle Cuna, auténtico museo de esculturas romanas provenientes de Itálica, ambos son claros exponentes del amplio y prolifero catálogo de palacios sevillanos, y lo más importante, se pueden visitar, pagando su correspondiente entrada, recorrer sus dependencias, y tener conocimiento de su importancia y categoría. Un lujo si a ello le añadimos que estos dos palacios siguen siendo de propiedad privada.

El turista que visite Jerez puede llevarse una grata visión de la ciudad, podrá conocer sus bodegas, su catedral, su alcázar, sus magníficas iglesias, sus museos, espectáculos ecuestre, algún que otro ambiente flamenco; podrá hacer un tour recorriendo su casco antiguo, sus murallas, sus monumentos y sus amplios parques y jardines, pero le será difícil adentrarse en la casa señorial jerezana, tan llena de tesoros y peculiaridades, esas casas que son emblema de una ciudad con empaque.
          Quizás sea el momento, porque los jerezanos lo reclaman, que se unan las administraciones con particulares y busquen las fórmulas idóneas para que la típica casa señorial jerezana no sea un Jerez de complicada visita. Es público cuanta magnificencia encierran palacios como los de Domecq, en la Alameda de Cristina; Campo Real, en la plaza Benavente, magistralmente conservado y todo un ejemplo de hospitalidad,, o el de la Marquesa de la Puebla de los Infantes en calle Lealas 20. Estas tres mansiones son de los pocos palacios de importancia que aún guardan todo su antiguo esplendor en sus aposentos interiores, el resto o han perdido sus grandes riquezas artísticas que atesoraban, o han sido rehabilitadas para otras funciones distintas a sus orígenes o, en el peor de los casos, han desaparecido.

No se puede esperar a que llegue el día, como ha ocurrido en tantas ocasiones, que por cuestiones de herencia todo ese museo doméstico que encierran, salga de estos palacios y lo que era un armónico elenco de piezas de valor, excelentes pinturas, riquísimo mobiliario, espléndidas lámparas y objetos decorativos se desperdiguen o pasen a manos de anticuarios.
          La importancia de estos tesoros ocultos merece que Jerez le preste atención. Si reivindicamos ese trozo de Jerez íntimo tras nobles cortinas, también hemos de valorar el esfuerzo de sus propietarios en mantenerlos, porque también esa riqueza señorial forma parte de su historia familiar y de su ser jerezano, porque ya es hora de que los ciudadanos de esta tierra sepamos poner en valor, con nuestra contemplación, lo que otros jerezanos han sabido acuñar a través de los años, porque existen fórmulas para que nadie salga perjudicado en esta atractiva empresa, y porque conservando, valorando y apoyando, con el esfuerzo común, lo que desde siempre hemos denominado como la casa señorial jerezana ganaremos todos y, en especial, la imagen de Jerez.

           (Artículo publicado en Información Jerez el 30 de julio de 2005)

Vista del palacio Domecq desde las alturas en una panorámica donde podemos ver un paisaje urbano bastante cambiado. La Alameda Cristina aún conservaba el palacio de Salobral y el antiguo colegio de La Salle, y las calles Santo Domingo y Zaragoza mantenían toda su estructura bodeguera.