jueves, 26 de mayo de 2016

EL CORPUS DE SANTIAGO




          En el barrio de Santiago de Jerez hay mucho de la historia de nuestra ciudad, en sus entrañas vibran los sentimientos de muchos vecinos. Este barrio es punto de referencia en el mundo entero, quizás más conocido que algunas capitales españolas, es un emporio del arte en todos los sentidos y un foco de espiritualidad indiscutible, tiene una rica historia que nace allá por el siglo XIV en un viejo arrabal extramuros de la ciudad, posee un templo con aires catedralicios, tiene sus patronos devocionales en el Señor del Prendimiento, el Cristo de la Buena Muerte y en la Madre morena de la Merced; tiene su Navidad, su Semana Santa y sus ferias y fiestas de cada peña o en cada casa de vecinos donde el arte brota por los caliches, pero se había quedado sin su Corpus.

      Muchos vecinos del barrio aún recuerdan aquellas procesiones de impedidos para el cumplimiento pascual. Las vivencias de las vísperas de tan regia visita, preparándolo todo en una mañana primaveral de cantos eucarísticos, de olores a incienso y a cera derretida con sones musicales de marchas triunfales. Recuerdos que quedaron para siempre en la memoria de muchos niños y jóvenes de entonces.

    Aquellas visitas sacramentales llenaban de actividad el vecindario. Se lavaban colchas, se desempolvaban viejas telas de brocados y floreados mantones, se abrillantaban macetas y candelabros, se planchaban paños con encajes y se descolgaban cuadros de santos para los altares. Todo en honor de Jesús Sacramentado, colchas, brocados y mantones engalanando balcones y ventanas, pequeños altares en distintos rincones del patio o de la escalera con todos esos elementos que durante el año permanecían guardados y juncia y romero para cubrir el itinerario eucarístico. La mañana de la sacramental visita se vivía en la casa de una forma especial, llena de alegría e ilusión porque de nuevo el Señor se hacía presente en aquel hogar que un día al año se trasformaba en un templo de fe popular y sencilla, de religiosidad para acoger al Rey de Reyes.

    El encanto de todo esto forma ya parte del pasado y esas visitas solemnes del Santísimo para dar la Comunión a los enfermos pasaron ya a la historia, pero había otra procesión también eucarística que se realizaba el domingo de la Trinidad, era el Corpus de la Sacramental de Santiago. La que ya existía a finales del siglo XV o principios del XVI, una Hermandad de Ánimas que pasó a dar culto al Santísimo Sacramento por influencia de las que, con ese fin, se fundan en la Capital de la Archidiócesis Hispalense en esa época, auspiciadas por Doña Teresa Enríquez, llamada la “Loca del Sacramento”, y la misma que ya año 1568 consta “que la fundaron unos feligreses de la Parroquia, y que en tiempo en que fue provisor de Sevilla, el futuro Obispo de León, D. Juan Fernández Temido, con su licencia se comenzó a pedir limosnas y celebrar los cultos en honor del Santísimo Sacramento y sufragio de sus hermanos”.

      Esta histórica Hermandad Sacramental, felizmente reorganizada, ha devuelto este fin de semana al barrio de Santiago su Corpus, un Corpus lleno de recuerdos para sus vecinos y para los amantes de esas tradiciones jerezanas que tanto enriquecen la historia de la ciudad.”Celebremos ya, todos redimidos, el banquete de la paz y del amor”, gloria que nos trae, de nuevo, este Corpus de Santiago.  

       (Artículo que publiqué en INFORMACIÓN JEREZ el pasado domingo 22 de mayo de 2016  y al día siguiente en VIVA JEREZ )


El Corpus de la Hermandad Sacramental de Santiago en tiempos pasados.


domingo, 15 de mayo de 2016

CULTURA DE FERIA



          Acaba la Feria del Caballo 2016 y llega el tiempo de hacer balances. Tiempo para consolidar este de sábado a sábado que tanto se ha alabado estos días, para volver a calibrar la seguridad en el recinto ferial, para repasar las ordenanzas municipales con respecto a carruajes y caballistas, para tomar medidas en el caso que se hayan incumplido la normativa con respecto a las casetas, para afianzar lo bueno y para corregir lo que haya que mejorar. Y si hay algo que, sin duda, habrá que recuperar y potenciar es la cultura de Feria esa que va encaminada a la preservación de las manifestaciones de nuestras raíces, nuestras costumbres, nuestras tradiciones y los signos de identidad local que compartimos. La Feria es un evento masivo, abierto al público, pero no por ello hay que renunciar a su esencia, esa esencia tan nuestra y que la hace incomparable. A nadie escapa que esta fiesta va más allá de una simple celebración local y se convierte cada año en un reflejo, más o menos acertado, de la propia ciudad. 

             Hablar de cultura de Feria es hablar de la ilusión que durante meses inunda a muchas personas preparando trajes, carruajes o casetas. Son ganas de arreglarse, salir a la calle y festejar, disfrutando (el año que se puede) del tiempo propio de la recién llegada primavera. Es una cita anual que durante una semana reúne a los amigos para comer, beber y bailar, e incluso reencontrarse por el Real con aquellos otros que no esperabas. Es reliarse, que te den las tantas fuera de casa y acordarte que, al día siguiente tienes que trabajar pero no te importa, porque a ti "que te quiten lo bailao".

            La cultura de Feria es tolerar ese albero que levantan las flamencas al pasar, es morirse de caló y aguantarlo a buche de rebujito. También, como dijo uno, la Feria es vivir tieso todo el año pero cuando llega mayo hipotecarse para rendirle tributo a las tradiciones que “han mamao desde chico”. La Feria es dejarse estafar por llevarse a la boca un pescaito frito o una tortilla de patatas de las congeladas. La Feria es sortear ciegos pegando camballás de madrugada que te pueden estropear la noche. La Feria es nomadismo, moverse de aquí para allá buscando caras conocidas, porque cada cara conocida es una oportunidad de pasar un buen rato. La Feria es jerezanía, es elegancia y empaque, porque el jerezano ha creado con ella una fiesta a su imagen y semejanza.  Tener cultura de Feria es ser consciente que a los pequeños le gustan lo mismo que a los mayores, por lo que lo más probable es que haya que visitar esa otra parte que cuando los pequeños éramos nosotros era la única zona que nos importaba de la Feria.

       Cultura de Feria es saber disfrutar de ella sin salirte de los cánones que la definen. La Feria del Caballo debe ser la mejor definición de lo que es Jerez y el jerezano.

          En definitiva, la cultura de Feria es algo que hay que recobrar porque es la Feria de siempre y desechar todo aquello que no tiene nada que ver con esta fiesta tan singular y tan nuestra. Nuestra Feria, tan espectacular, tiene también su cultura, esa cultura que nos dice Julio Cortázar, en una de sus frases más conocidas “es el ejercicio profundo de la identidad”. 

                  (Artículo que publiqué en INFORMACIÓN JEREZ el pasado domingo 8 de  mayo de  2016 y al día siguiente en VIVA JEREZ )

La elegancia jerezana a caballo

miércoles, 4 de mayo de 2016

FERIA Y VINO



              Cuando este año por primera vez en la noche del sábado se hizo la luz en el González Hontoria nuestro gran parque dejó de ser aquel lugar olvidado, oscuro y desolado de todas las noches del año para, con la iluminación de la luz de varios miles de bombillas, convertirse de nuevo en Feria del Caballo. El magnífico escenario pensado por el alcalde Julio González Hontoria ha visto la evolución que la Feria ha experimentado a lo largo del pasado siglo. Desde los grandiosos templetes que poblaban el real en sus primeros años a hoy, la Feria de Jerez ha cambiado, pero su espíritu, glosado por destacados escritores y poetas, el de las propias gentes de esta ciudad sigue inalterable y siempre con la presencia del vino.

            Martín Ferrador en su “Elogio de la ciudad” nos dice: “Jerez, ciudad insigne que logró de la pluma sincera de Cervantes la alabanza de disputarla por principal lugar de los más ricos y nobles de Andalucía, ha merecido siempre, de propios y extraños, toda suertes de elogios y encumbramientos.”

            La glosó un gaditano universal, aunque ligado a Jerez por vía matrimonial, José María Pemán, que confesó en cierta ocasión que nunca se separaba "de la monarquía, 'El divino impaciente' y la Feria de Jerez", inmortalizando nuestra Feria en aquellos conocidos versos, todo un clásico, que finalizaban: “A menos negocio, mayor fantasía, / así son las cosas de esta Andalucía:/ más sal que sustancia... ¡Feria de Jerez!/ ¡Rumbo y elegancia de esta raza vieja/ que gasta diez duros en vino y almejas,/ vendiendo una cosa que no vale tres!”.

           La glosó Luis Pérez Solero: “¿Quién le da fama a la Feria de Jerez?”: “¡Feria jerezana, gitana y señorial! / ¿Quién te presta tu belleza y tu alegría? / ¿Es el sol que va filtrándose ese día / entre la arboleda de un parque sin igual? - ¿Es el incopiable desfile matinal / de centauros? ¿Es la recia gallardía / de algún ‘tronco’ que, con toda algarabía / - fusta y cascabeles – conduce un mayoral? - ¿Son las jerezanas que, con su proverbial / gentileza y singular campechanía, / riegan todo el parque de risa, luz y sal? - ¡Dicen que no es esa la causa principal; / que a la Feria, su sin par categoría, / se la da su vino, de fama universal!”.  

           También Ofloda que cantó a la Feria de Jerez y sus vinos con estos versos: “Esta Feria es un derroche/desde el alba hasta la noche/ es espectacular y elegante/ que acoge a todos los visitantes/ sean de Oriente u Occidente/ regalando un buen ambiente. /Así que no lo pienses más/ ponte pronto en camino/que aquí te espero ya/ con una copita de vino.” Esa copita de vino con la que Manuel María González Gordon, Marqués de Bonanza, acabó su libro “Jerez-Xerez-Sherish”, brindando como ya lo hiciera en el siglo XIX Gumersindo Fernández de la Rosa: “Sobre las suaves colinas/ donde más Baco prospera,/ alza la frente altanera/ en riqueza y majestad/ la muy noble y leal ciudad/ de Jerez de la Frontera./ Brindo por este confín/ que el sol dora y baña el mar/ de Bonanza a Trafalgar/ desde la Algaida a Retín:/Brindo por este jardín/ de la España honor y prez/ donde rinden a la vez/ sal el mar, la tierra azúcar;/ por Cádiz y por Sanlúcar/ por el Puerto y por Jerez./.” Brindemos pues.

            (Artículo que publiqué en INFORMACIÓN JEREZ el pasado domingo 1 de mayo de 2016)


Vino y caballo, un perfecta fusión plasmada en el cartel de la edición correspondiente al año 1967