miércoles, 8 de febrero de 2017

EL CARDENAL ARIAS




        Se cumplen en este año de 2017 los 300 años del fallecimiento del prestigioso Cardenal Arias al que Jerez le debe, en gran parte, la construcción de nuestra catedral.

Fray Manuel Arias y Porres fue un prelado católico y hombre de estado español. Educado esmeradamente por sus padres, a la edad de 14 años marchó a Malta, donde sirviendo como caballero de la orden de San Juan estudió filosofía, teología y leyes. Siendo designado vicecanciller de la orden posteriormente el papa Inocencio XI le otorgó el grado de Gran Bailío. A lo largo de su militancia en la orden le fueron concedidas las encomiendas de Benavente , El Viso, Los Yébenes  y Quiroga.[] En 1689 regresó a España, donde el rey Carlos II le designó embajador en Portugal, cargo al que Arias renunció aduciendo su ingreso en la orden de San Jerónimo. Ocupó la presidencia del Consejo de Castilla entre diciembre de 1692 y enero de 1696. En abril de 1699, como consecuencia del motín de los gatos, en el que el conde de Oropesa fue depuesto de la presidencia de Castilla, Arias volvió a ser llamado a sustituirle. []A la muerte del rey Carlos II, según lo dispuesto en el testamento real, formó parte de la junta de regencia que asumió el gobierno del reino[]. Con la llegada de Felipe V al trono de España, Arias continuó en la corte al servicio del nuevo rey. Durante las ausencias de éste en la guerra de sucesión española, Arias fue miembro del consejo de gobierno que asistió a la reina Isabel de Farnesio. En 1702 fue nombrado arzobispo de Sevilla y posteriormente cardenal in pectore por el papa Clemente XI. Murió en Sevilla a los 79 años y fue enterrado en la iglesia del Sagrario de esta misma ciudad.

Además de toda esta dilatada vida al servicio de la nación y de la Iglesia el Cardenal Arias fue un hombre sumamente generoso con los templos de la Archidiócesis Hispalense. A él se le debe también la fachada principal del palacio arzobispal sevillano y el portentoso retablo mayor de la iglesia del Sagrario, todo costeado a sus expensas. Su caridad se manifestó especialmente en la institución del colegio para Niñas Huérfanas al que dotó de todo lo necesario para su labor. Su muerte tuvo lugar el 16 de noviembre de 1717 y en su testamento quedó recogida su última voluntad: Finalizar las obras de la entonces Colegial de Jerez.

Las obras de nuestro primer templo llevaban muchos años paradas cuando en septiembre de 1715 el Cardenal Arias comunica al Cabildo Colegial que había resuelto proseguir las obras a sus expensas, que la proseguiría en vida hasta acabarla si podía, y si no, le dejaría al morir todo su caudal hasta donde se alcanzase. Repicaron todas las campanas jerezanas de júbilo y gracias a aquel gesto se pudieron reanudar las obras.

A su fallecimiento se celebraron honras en nuestra ciudad con gran pompa y solemnidad. Con toda justicia, el Cabildo Colegial mandó que en las dos puertas laterales que dan al crucero campearan el escudo de armas del Cardenal Arias y que su memoria fuera siempre recordada. Como señala José Luis Repetto, en su libro sobre la Colegial de Jerez, su dedicación este templo no fue en realidad sino la coronación de una vida sinceramente dedicada a las buenas obras. In memoriam aeternam erit iustus.

            (Artículo que publiqué en INFORMACIÓN JEREZ el pasado domingo 5 de febrero de 2017 y al día siguiente en VIVA JEREZ)





             

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